
Allí en Babahoyo, sus habitantes los admiran. Ella sale a caballo como toda una Amazona, va erguida, esbelta, junto a su amante, rompiendo con las empedernidas estructuras de esa sociedad que está dispuesta a no perdonarles tal insolencia, los dos se ven impertérritos, emocionados, felices, son dos almas dignas la una de la otra. Aquel pueblo se mezcla con ellos, respetan la aventura de esos dos seres, la aplauden sinceramente, porque son humanos muchos más amplios que los de la Serranía, porque muchos de ellos se identifican con sus vidas, guiadas y unidas solo por el código de las leyes eternas de la pasión y los sentimientos.
Nuevamente el libertador se ve obligado a desprenderse de su amor, parte hacia Cuenca y Manuela cargada de ensueños se va hacia Quito, durante seis días viaja a caballo sin presentar fatiga o cansancio alguno, entra en una actividad nueva para su vida. Vienen las cartas de amor a su hombre, a su pasión sensible de mujer, a esa separación convenida y necesaria por la causa, pero no así, para el sentimiento de los dos.
Ocurren muchas cosas, Bolívar no puede detenerse en Guayaquil, las tropas patriotas tienen que acudir urgentemente a Pasto, puesto que los españoles acaudillados ahora por Benito Boves, sobrino del terror llamado el “tata Boves” quien había sido muerto en la batalla de Úrica, proclamaban nuevamente a Fernando VII. Sucre es el primero en llegar y espada en mano somete a la ciudad que han sublevado los realistas, en plena navidad y Pasto está sembrada de sangre, cadáveres y desolación. Las tropas vencedoras se lanzan a los desmanes de la guerra, pero Sucre emplea su carácter y castiga a quienes han tratado de insurreccionar al ejército en ese vandalismo.
Bolívar en persona, con nuevas tropas llega al día siguiente de haber comenzado el nuevo año y dicta providencias excepcionales con energía a aquel pueblo que se ha alzado a favor de la causa española. Confisca los bienes de todos cuantos tomaron parte en la revuelta; impuestos a la ciudad de 30 mil pesos, de 3 mil reces y de 2.500 caballos, reclutan 1.300 hombres.
Mientras, Manuela que ha regresado a Quito se siente desprotegida, las horas son profundas sobre su tiempo y ve doblarse su felicidad en la tempestad de la ausencia de su amante. Es así, como se dispone a escribir la primera carta para hacerse oír adelgazando sus sentimientos como huellas que tiñen ese dolor enredado en su destino. Cito: (1) “en la apreciable de usted, fecha 22 del presente, me hace ver el interés que ha tomado en las cargas de mi pertenencia. Yo le doy a usted las gracias por esto, aunque más la merece usted por que considera mi situación presente. Si esto sucedía antes que estaba más inmediata, ¿que será ahora que está a más de 60 leguas de aquí? Bien caro me ha costado el triunfo de Yacuanquer. Ahora me dirá usted que no soy patriota por todo lo que le voy a decir. Mejor hubiera querido yo triunfar de él y que no haya 10 triunfos en Pasto.
Demasiado considero a usted lo aburrido que debe estar usted en ese pueblo; pero, por desesperado que usted se halle, no ha de estar tanto como lo está la mejor de sus amigas que es
MANUELA”
(1) Alfonso Rumazo González ( Manuela Sáez, el amor)
Esta carta revela que Manuela fue al norte con Bolívar y que se regreso a Quito únicamente cuando su amante iba ya por las proximidades de Pasto. Su gran preocupación es que él se halle aburrido, puesto que ella de repente se siente como una palabra de un amor desesperado.
(Continuará…)