martes, 19 de mayo de 2009

Recesión mundial: La inflación es mala, pero la deflación es peor

(Economist Intelligence Unit)

¿Cómo protegerse tanto de las fuerzas deflacionistas de la peor recesión estadunidense desde la década de 1930 como de la vigorosa respuesta de la Reserva Federal (Fed) que de hecho ha reducido tasas de interés a cero y amplió rápidamente su estado de cuenta? El 4 de mayo, Paul Krugman, ganador del Nobel de Economía, advirtió que había surgido una deflación estilo Japón, al tiempo que Allan Meltzer, eminente historiador de la Fed, anticipaba una repetición de la inflación de los años 70; los dos, en la misma página del New York Times.

Hay algo de cierto en ambos temores. Pero la inflación es distante y manejable, mientras la deflación es perniciosa y está al alcance de la mano.


Arrastrados por la deuda

El temor a la deflación no se fundamenta en la disminución anualizada de 0.4% de los precios al consumidor estadunidense a marzo. Aunque sea la primera disminución anual desde 1955, es resultado transitorio de la caída de los precios de la energía. Con excepción de alimentos y energía, la inflación principal es de 1.8 %. En realidad lo que preocupa es la persistente disminución de precios que caracteriza a una verdadera deflación. El desempleo se acerca a 9%, y la producción económica se encuentra en un nivel muy por debajo del potencial de la economía que en cualquier momento desde 1982. Y es probable que la brecha se ensanche.

Los precios inmobiliarios no son parte del índice de inflación de EU, pero su disminución obliga a las familias a reducir sus deudas, lo que podría retrasar el crecimiento económico por años. A medida que los trabajadores compiten por escasos empleos y las empresas reducen sus precios para vender más que las otras, salarios y precios se verán sometidos a fuerte presión.

Hasta ahora, las expectativas inflacionarias permanecen estables, percepción que es por sí sola un baluarte contra la deflación. Pero el congelamiento de sueldos y las reducciones salariales podrían cambiar la manera en que piensan las personas. Durante una encuesta, más de una tercera parte de los interrogados afirmó que ellos o alguien de su familia habían sufrido una reducción salarial o de jornada laboral. El índice del costo del empleo se elevó de manera anualizada apenas 2.1% al primer trimestre, el incremento más bajo desde que comenzaron los registros, en 1982. En 2003, durante la última amenaza de deflación, los pagos totales crecieron casi 4%.

¿Importa esto? Si los precios disminuyen debido al avance de la productividad, como a finales del siglo XIX, es una señal de progreso, no un colapso económico. Hoy, sin embargo, la deflación se parece más a la variedad maligna de la década de 1930 que a la benigna del siglo XIX, debido a la debilidad de la demanda y a que hogares y empresas están cargados de deudas. En la deflación, el valor nominal de las deudas permanece fijo, pese a la caída de salarios nominales, precios y utilidades. En consecuencia, la carga de la deuda se eleva, lo que provoca que los deudores reduzcan sus gastos para pagar los intereses de sus adeudos o caer en mora. Esto socava el sistema financiero y profundiza la recesión.

De 1929 a 1933, los precios disminuyeron 27%. Esta vez los bancos centrales están atentos. En EU, Gran Bretaña, Japón y Suiza los bancos han llevado las tasas de interés a corto plazo a cero, o cerca de cero. Asimismo, han desarrollado ampliamente sus balances comprando deuda. Ha sido favorable, también que el mundo se haya liberado de la camisa de fuerza monetaria del patrón oro que llevó durante la década de 1930.

Sin embargo, es precisamente este celo antideflacionista lo que alarma a personas como Meltzer, a quien le preocupa que el precio de eliminar la deflación sea que la Fed no sea capaz o no esté dispuesta a dar marcha atrás a tiempo para impedir el resurgimiento de la inflación.

Parece razonable, pero la inflación es más fácil de corregir que la deflación. Un banco central puede elevar tasas de interés tanto como quiera suprimir la inflación, pero no puede reducir las tasas nominales por debajo de cero. La deflación confisca a un banco central su capacidad de estimular el gasto mediante tasas reales de interés negativas. En el peor de los casos, deudas y moras deprimen el crecimiento y envenenan a la economía al agudizar la deflación y presionar a la alza las tasas reales de interés. Los bancos centrales que han bajado las tasas a casi cero usan ahora herramientas cuantitativas poco convencionales, pero su eficacia no está probada. Puestos a decidir, equivocarse hacia el lado de la inflación sería menos catastrófico que hacerlo hacia el lado de la deflación.

Dicho esto, hay preocupación respecto a que cuando llegue el momento de elevar las tasas de interés, la Fed podría contenerse debido a presiones políticas o el temor de fracturar los mercados financieros. La Reserva Federal actuó con mucha lentitud para levantar las tasas de interés después de la amenaza de deflación en 2003. Sin embargo, esto se resuelve fortaleciendo a la Fed. Barack Obama debe nombrar personas con credibilidad e independientes para ocupar las dos vacantes en el Consejo de la Reserva Federal, y desechar la sugerencia de que los 12 presidentes del banco de reserva, que no son ratificados por el Congreso, pierdan su derecho a opinar sobre política monetaria. El Congreso debe permitir que la Fed emita su propia deuda, lo que le daría oportunidad de constreñir la política monetaria sin recurrir a ventas desordenadas de la deuda privada no líquida que ha tenido que asumir.

Afirmar la independencia política de la Fed y equiparla con mejores instrumentos ayudaría al banco central a combatir la inflación cuando llegue el momento. Y también reduciría el riesgo de que tome medidas restrictivas de manera prematura, sólo para demostrar su determinación.

(Tomado de La Jornada. Traducción de texto: Jorge Anaya)

19/5/09

lunes, 18 de mayo de 2009

Muere el escritor uruguayo Mario Benedetti

TeleSUR - Efe- Afp


El escritor uruguayo, Mario Benedetti, falleció este domingo en Montevideo a la edad de 88 años, tras padecer de una patología intestinal crónica que los últimos meses agravó su estado de salud.

"Falleció mientras dormía en su domicilio y en profunda paz. De a poquito dejó de respirar", dijo su secretario Ariel Silva, minutos antes que los medicos firmaran el acta que certificaba su muerte.

Luego de concerse la muerte del célebre escritor, el gobierno uruguayo decretó duelo nacional y dispuso que su velatorio se desarrolle con honores patrios desde las 12H00 GMT del lunes en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, sede del Congreso, señaló el vicepresidente de la República, Rodolfo Nin Novoa.

El pasado 6 de mayo, luego de 12 días de hospitalización, el escritor fue dado de alta, ya que según informaron sus familiares, había "respondido excelentemente al tratamiento médico instituido, lo que determinó que se otorgara el alta a domicilio".

En aquel momento, se informó que el escritor se retiraba "estable, lúcido y que no requería otras medidas médicas salvo a las que era sometido antes de ser internado".

El escritor estuvo hospitalizado cuatro veces el año pasado en Montevideo debido a diversos problemas físicos.

En su última aparición pública, en diciembre de 2007, Benedetti fue condecorado con la Orden Francisco de Miranda por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en un acto que se celebró en la Universidad de la República, en Montevideo.

Ese día Benedetti, que ya presentaba un estado físico deteriorado, fue saludado con una ovación de varios minutos en una abarrotada sala de actos de la universidad.

Benedetti fue autor de más de ochenta libros de poesía, novelas, cuentos y ensayos, así como de guiones de cine, fue galardonado con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (1999), el Premio Iberoamericano José Martí (2001) y el Premio Internacional Menéndez Pelayo (2005).

Su última obra publicada, el poemario "Testigo de uno mismo", fue presentada en agosto del año pasado.

Antes de su último ingreso, Benedetti estaba trabajando en un nuevo libro de poesía cuyo título provisional es "Biografía para encontrarme".

Al conocerse de la noticia de su muerte medios internacionales resumieron la noticia con estas palabras: "El escritor Mario Benedetti murió hoy en Montevideo y dejó huérfana a la literatura uruguaya y latinoamericana de uno de sus poetas y narradores más prolíficos, venerado por generaciones por su ética social y su melancólico canto a la vida".

Benedetti abordó todos los géneros literarios, en los que reflejó una mirada crítica de izquierda que le llevaría al exilio y a ser, hasta sus últimos días, un firme detractor de la política exterior de Estados Unidos.

Sus poesías fueron cantadas por autores como Joan Manuel Serrat, Daniel Viglietti, Nacha Guevara, Luis Pastor o Pedro Guerra, y sus novelas más famosas llevadas al cine, como "La tregua" (1974) o "Gracias por el fuego" (1985), a cargo del director argentino Sergio Renán.

Este exponente por antonomasia de la llamada generación uruguaya de 1945, la "generación crítica", nació el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, en el Departamento de Tacuarembo.

En 1928 comenzó sus estudios primarios en el Colegio Alemán de Montevideo, donde, según contaba el propio Benedetti, gustaba de escribir en verso las lecciones e incluso sorprendió a sus maestros con un primer poema en ese idioma.

Antes de dedicarse a la escritura, Benedetti hizo de taquígrafo, cajero, vendedor, librero, periodista, traductor, empleado público y comercial, oficios que supusieron un contacto con la realidad social de Uruguay que fue determinante a la hora de modelar su estilo y la esencia de su escritura.

Entre 1938 y 1941 residió en Buenos Aires y en 1945 ingresó en el semanario Marcha como redactor y publicó su primer libro, "La víspera indeleble", de poesía.

Residió en París entre 1966 y 1967, donde trabajó como traductor y locutor para la Radio y Televisión Francesa, y luego de taquígrafo y traductor para la UNESCO.

En 1968 fundó en La Habana el Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas, que dirigió hasta 1971, y encabezó el Departamento de Literatura Latinoamericana de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de Montevideo, entre 1971 y 1973.

En los setenta desarrolló una intensa actividad política, como dirigente del Movimiento 26 de Marzo, del que fue cofundador en 1971 y al que representó en el Frente Amplio, coalición izquierdista que alcanzó el poder en 2005.

Su obra

En una época trepidante, el escritor uruguayo publicó obras como "Esta mañana y otros cuentos" (1949), "Poemas de oficina" (1956), "Ida y vuelta" (1958) y "La tregua" (1960).

En 1949 Benedetti avanzó en su carrera periodística con su labor en la destacada revista literaria Número, compaginando al tiempo sus tareas de crítico con una carrera imparable como escritor.

Con el golpe militar de 1973 renunció a su cargo universitario y se exilió, primero en Argentina y después en Perú, donde fue detenido, deportado y amnistiado.

Benedetti se instaló en Cuba en 1976 y un año más tarde se trasladó a Madrid, donde permaneció hasta 1985, cuando, con el fin de la dictadura uruguaya, puso fin a doce años de exilio.

Entre las obras de esta época aparecen "Letras del continente mestizo" (1967), "Inventario 70" (1970), "El escritor latinoamericano y la revolución posible" (1974) y "Con y sin nostalgia" (1977).

Su obra teatral "Pedro y el capitán" (1979) fue representada en Madrid en 1981 y un año después aparecieron sus "Cuentos" y la novela "Primavera con una esquina rota".

En 1984 publicó "Geografías" y "El desexilio y otras conjeturas" y tres años después, tras volver a Uruguay, se convirtió en miembro del Consejo Editor de la revista de izquierdas Brecha.

De 1985 data su colaboración con Joan Manuel Serrat en el disco "El sur también existe".

A partir de entonces su producción es imparable, con títulos como "Despiste y franquezas" (1991), "La borra del café" (1993), "Andamios" (1996) y los poemarios "Mas acá del horizonte" (1997) y "La vida, ese paréntesis" (1998).

En la década siguiente aparecieron "El porvenir de mi pasado" (2003), "Memoria y esperanza, un mensaje para los jóvenes" (2004) y los poemarios "El mundo que respira" (2001), "Existir todavía" (2004) y "Vivir adrede" (2007), entre otros.

Numerosas distinciones

Benedetti recibió numerosas distinciones, entre ellas la Medalla Haydee Santamaría del 30 aniversario de la Casa de las Américas en La Habana (1989) y la Medalla Gabriela Mistral del Gobierno chileno (1996).

Además, el premio León Felipe de España a los valores cívicos (1997), el Iberoamericano José Martí y el Internacional italiano de Literatura La Cultura del Mar, ambos en 2001, año en que también fue nombrado "Ciudadano Ilustre de Montevideo".

El escritor, doctor Honoris Causa por universidades de España, Uruguay y Argentina, quedó viudo en 2006 de Luz López Alegre, con quien se había casado en 1946.

En 2007 fue condecorado con la Orden Francisco de Miranda en grado de 'generalísimo' por el Gobierno venezolano y en 2008 obtuvo el I Premio ALBA del Fondo Cultural de la Alternativa Bolivariana para las Américas en la categoría de Letras.


http://www.telesurtv.net/noticias/secciones/nota/50086-NN/murio-el-celebre-escritor-uruguayo-mario-benedetti/



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domingo, 17 de mayo de 2009

¿Se acabó la lucha de clases?


José Antonio González Casanova (SinPermiso)

"Es evidente: si un ricachón ha de renunciar a un crucero de placer no sufre la misma crisis que una familia que tiene que afrontar que uno o varios de sus miembros se hayan quedado en paro. Tampoco el empresario que descuidó el futuro de la empresa en favor de su arca particular pierde lo mismo que los obreros a los que despide. Los del pensamiento único nos hicieron creer que ya no había clases sociales porque hoy todos formamos parte de una única clase media, igualada en gustos, deseos y posibilidades. Acertaban, excepto en la igualdad de posibles. De "clase única", nada."

La falta de información suficiente nos impide conocer las causas últimas de nuestra crisis económica y de sus peores consecuencias sociales, pero padecer una carencia inesperada como esta agudiza la mirada crítica, la hace más sensible a las diferencias irritantes y propicia que se indigne con lo que ve injusto. Por práctico que resulte el cínico consejo de los expertos (resignarse y hacer economías), aún nos queda un residuo de dignidad moral para ver claro en la actual oscuridad. ¿Y qué es lo que está claro? Para mí, cuatro cosas: el contraste existente entre los niveles de padecimiento según la clase social a la que se pertenece; las diferencias entre las soluciones propuestas para paliar los efectos de la crisis, tan opuestas como lo están los intereses de clase de quienes las propugnan; la escasa capacidad del poder público para paliar el daño que están sufriendo los ciudadanos, y, en fin, su nulo empeño en ir a la raíz de la crisis, yéndose en cambio por sus ramas con una simple podadora como panacea.

Es evidente: si un ricachón ha de renunciar a un crucero de placer no sufre la misma crisis que una familia que tiene que afrontar que uno o varios de sus miembros se hayan quedado en paro. Tampoco el empresario que descuidó el futuro de la empresa en favor de su arca particular pierde lo mismo que los obreros a los que despide. Los del pensamiento único nos hicieron creer que ya no había clases sociales porque hoy todos formamos parte de una única clase media, igualada en gustos, deseos y posibilidades. Acertaban, excepto en la igualdad de posibles. De "clase única", nada.

En cuanto a las soluciones propuestas, los grandes empresarios aprovechan la crisis que el capital provoca y pretenden despedir legalmente a bajo precio a sus trabajadores, en vez de gastarse los ahorrillos en su mejor formación y en llevar a cabo una renovación tecnológica. Ni por asomo se les ocurre subir los salarios para que funcione la máquina del consumo. ¿Con qué creen que este se paga? Por su parte, los grandes banqueros imploran ayuda estatal (o sea, el ahorro forzoso que, a través del IVA y el IRPF, aporta a la nación la mayoría trabajadora con menos recursos) para, con la excusa de otorgar créditos a las pequeñas y medianas empresas y a las familias que los necesitan, exigirles de nuevo aquellos intereses que más beneficien a los suyos.

Sería justo y debido que devolvieran a sus nuevos deudores y morosos parte de la riqueza acumulada y proclamada, fruto de hipotecar de por vida a víctimas de la publicidad empresarial consumista y del negocio inmobiliario tan dañino para el medioambiente, cuyos precios millonarios servían también para pagar favores ilegales a políticos corruptos.

Con el falso e interesado optimismo de que las clases ya no existen, el capital cree que la marxista lucha de clases se ha acabado. En caso contrario, sería el acabose... del capitalismo. Ahora bien, ya me dirán si la actitud del capital ante la crisis no es un ataque en toda regla al nuevo proletariado, así como la huelga general es el arma obligada que defiende, con toda la energía que las leyes consientan, el empleo, la vida y la dignidad de los trabajadores. Ya me dirán si eso no es una lucha a muerte de clase contra clase, iniciada como siempre por la que todavía es dominante y encima se arroga el papel de dirigente.

Los gobiernos proponen compensaciones caritativas, cual paradójicas oenegés gubernamentales. Está bien que haya subsidios y exenciones de impuestos, pero esta crisis, aunque lo parezca, no es un terremoto o un tifón y no se resuelve con medidas paliativas propias de una zona que ha tenido que ser declarada "catastrófica" por causas naturales. Esta catástrofe es obra de unos poderes económicos. Sus efectos destructores deben ser previstos, impedidos o reparados por los representantes del pueblo soberano, que tienen que responsabilizar a los culpables y no colaborar en su propósito de salir de esta situación todavía más fortalecidos para perpetuar su dominio. Si el que contamina, paga, el que se enriquece empobreciendo a otro ha de retornar a sus legítimos dueños la riqueza que les ha sido hurtada. Un Estado que no cumpla esa norma únicamente representa a los amos del dinero, y su Gobierno será conservador (no de los derechos humanos, sino de las inhumanas derechas), por mucho que se escude en que la oposición lo es más.

En cuanto a la radical ilegalización de las prácticas capitalistas, no caben, a mi juicio, más remiendos que el cambio de tela. Al apellido del presidente José Luis Rodríguez Zapatero yo le añado, sin malicia, el adjetivo remendón. Un keynesianismo made in Spain es la llave que muchos necesitan para abrir el cerrojo de su cárcel financiera. Pero es preciso algo más: la palanqueta que fuerce la caja de caudales de unos pocos.

José Antonio González Casanova es catedrático emérito de ciencia política y derecho constitucional de la Universidad de Barcelona

El Periódico, 13 mayo 2009

17/05/09




jueves, 14 de mayo de 2009

Manuela La Mujer (XVIII)


Por: Víctor J. Rodríguez Calderón

A principios de Mayo Bolívar entra a Huaylas, pero Manuela no le acompaña, un tiempo pálido se le viene encima para desgarrar su corazón, Bolívar coquetea con una nueva mujer la cual encuentra joven, fragante y muy interesante, se trata de Manolita Madroño, una chica de dieciocho años, la mas linda del pueblo y a la que se le encarga por parte del Cabildo entregarle un ramo de flores por su entrada triunfal.

No pasaron cuarenta y ocho horas para convertirse en una pareja locamente enamorada, pero Bolívar sabía que esta era una pasión pasajera, el amor fugaz y el combate por la libertad de América eran su único refugio. No demora Manuela en enterarse del idilio y sintió su corazón manchado por la traición de su amado, su alma quiso exaltarse de celos, pero sacudida por la seguridad de sus sentimientos uso la razón de su amor y llevo aquello con mucha prudencia, deja que corra esa pasión, sabe que durará poco, pero no soporta que su alma herida arda en el tormento de sentirte olvidada, le mortifica la infidelidad de su hombre. Decide escribir y lo hace a su amigo el capitán Santana a quien le dice:

“Huamachuco, 28 de Mayo de 1824.- Mi amigo: Las desgracias están conmigo, todas las cosas tienen su termino, el general no piensa ya en mi, apenas me ha escrito dos cartas en diecinueve días. ¿Qué será esto? Usted que siempre me ha dicho que es mi amigo, ¿me podrá decir la causa? Yo creo que no, porque usted peca de callado. ¡Y que yo se lo pregunte a usted! Pero, ¿a quién le preguntaré? A nadie, a mi mismo corazón que será el mejor y único amigo que tenga. Estoy dispuesta a cometer un absurdo; después le diré cuál y usted me dará la razón si no es injusto. No será usted temerario; se acordará usted en mi ausencia de la que es muy amiga de usted.

Manuela”

La muerden los celos, la devora el tiempo y la impaciencia, forcejea con la desesperación, se derrumba, huye y se refugia en la angustia, quisiera de verdad aceptar la conformidad, pero no puede luchar, en su amigo Santana sólo busca una confidencia, evidentemente ella ya sabe que la causa es otra mujer que momentáneamente hace que el general no piense en ella. Reacciona y confiesa por primera vez que está amarrada a ese amor y sin el, no tendrá vida, por eso habla de cometer un “absurdo” se sentencia al suicidio, al desenlace trágico, vencida no vivirá y eso lo vamos a ver más adelante en su futuro.

La carta trae una postdata que dice: “Tenga la bondad de decirme si allá se halla el señor comisario Romero, que me precisa saberlo”. Manuela decide quedarse por ahora con el ejército que va a enfrentarse con el enemigo en Ayacucho, se somete a una vida de campaña intensa, para ese momento no tenía otro camino y necesitaba llegarle a Bolívar, dejándolo que se tomara su tiempo que sintiera su ausencia, ella necesitaba educarlo, eliminarle ese amor de marino que solo aprende a besar y a marcharse dejando solo promesas y sabiendo que no volverá nunca más.

El tiempo es veloz, días y noches han pasado, para Manuela ha sido un viaje que al fin acaba. De nuevo llega al lado del hombre que ama, no reclama, escucha las palabras de su amado, lo ve como a un niño y solo piensa: no importa, en todo este tiempo seguiré con mis llagas y tus llagas.

Todo está listo para el ascenso a la inmensa cordillera, se esconden los deseos y las tristezas se hunden en la tierra, ahora empieza el fatigosísimo trajinar para vencer, primero a esas infinitas alturas y segundo a aquel monstruoso enemigo que no los espera ni aguarda, pero que es mucho mayor que ellos. Los oficiales cabalgan en mulas acostumbradas a trepar por aquellos empinados precipicios. Manuela va entre ellos, junto a su amado, la tropa asciende toda a pie, en caravana interminable, obligados ir uno tras otro, sus cabezas parecen una enorme y larga culebra negra que se ciñe a aquel espeso lomo verde para no deslizarse al abismo. El viento es una voz que gime un grito de desconsolación, que hace que los hombres callen sus nervios enroscados. Van cargados con mochila en ella llevan frazadas, alimentos y panela para combatir el soroche. (1) Una llovizna persistente y aguda hiela el sudor, no los desampara la neblina densa que no respeta abrigos porque se mete en los tuétanos de los huesos con su cruel frigidez. Caminan por lodazales, se resbalan los cascos de los animales y los pies de los combatientes se hunden con mortificante frecuencia. El grupo de mulas que van cargadas con los cañones desarmados y parque se retrasan pues el paso se hace cada vez mas lento y las dificultades que se van encontrando son mayores. Algunas mulas tropiezan y se van al abismo dando volteretas en el aire lo que produce un espanto terrible. Los caballos no llevan carga, ellos tienen que llegar frescos al otro lado de la montaña para poder actuar en la batalla sorpresa, pues la caballería es el arma más importante. El libertador ordena una avanzada de espionaje para que observen y escudriñen todo lo del enemigo y que este no haya detectado su estrategia. Manuela trabaja sin descanso, se adelante y se atrasa, habla con la tropa evitando las deserciones que se presentan a cada momento, llena sus conciencias con principios y conceptos de la causa. Todos la quieren por su bondad y su generosidad y por su valentía, para ella no existen peligros ni padecimientos, esa es una jornada que los conduce a una libertad segura. Los combatientes la llaman la generala, conversan con ella, le piden ayuda, ella hace todo lo que puede con los enfermos. Duerme en tienda de campaña, no siente sus manos por el inmenso frio, el soroche trata de atacarla, pero ella lo combate. Continúa lloviendo y el viento sopla cada vez mas helado, martirios que caen sobre ella y nueve mil hombres que se han dispuesto con capacidad para dominar a la madre naturaleza y al nefasto destino de la esclavitud. Sobre el lomo majestuoso de aquella cordillera se escuchan cuentos, blasfemias, quejas, cantos y palabras groseras con maldiciones y risas hasta que a las siete de la noche se escucha la corneta que toca silencio. Todo queda en calma, son combatientes disciplinados, guerrilleros que solo esperan lanzarse a la victoria, cuando reciban la orden de su libertador.

(Continuará…)

(1) Molestias causadas por la altura, dolor de cabeza, náuseas, vómitos, falta de apetito, sensación de ahogo, alteraciones del sueño, vértigo, palpitaciones y problemas de concentración, hasta edema agudo de pulmón.



miércoles, 13 de mayo de 2009

Hacia la integración Revolucionaria

Por: Víctor J. Rodríguez Calderón

Aporrea dio sus primeros pasos en pleno enfrentamiento de aquel golpe de Estado contrarrevolucionario del 11 de Abril de 2002. Desde allí inició su ya largo trajinar abriendo sus espacios en uno de los momentos históricos mas propicios para la libertad de expresión en nuestro país.

Si bien es cierto que fueron aquellos días los más duros soportados para la revolución bolivariana socialista, días de paro petrolero, escases y racionamiento, podemos afirmar que fue tiempo del despertar de las conciencias que unificó a todos los venezolanos. La convicción de que la victoria de la revolución nadie podría evitarla.

Nació, pues, Aporrea, bajo el estandarte de una visión impulsadora a nuestra liberación, de un periodismo combativo, con rasgos totalmente contemporáneos, metidos de lleno en una lucha persistente contra el nazi-fascismo, unificando las diferentes corrientes revolucionarias y por los mejores intereses de nuestra nación.

Desde allí se puede comprobar que Aporrea no solo es un legado del nuevo pensamiento político, si no que en sus páginas se registra la historia, antigua, cotidiana, de Latinoamérica y del Caribe, las discusiones modernas ideológicas, las críticas con todos sus avatares. Compañeros que siempre habían permanecido callados, aquí han podido expresarse con toda libertad.

La historia que se veía desde una lejana ventana, dejó las tinieblas en que se hallaba sumergida y salió en Aporrea para cargar los tres ceros de este nuevo milenio. Han sido siete años precedentes donde se han soportado crisis ideológicas, periodos de luchas intensas, avances, de pronto todos circunstanciales, pero ahí ha estado aporrea, de frente, nunca ha abandonado la convicción y la voluntad de unificar todas las corrientes.

Aporrea de hoy y de siempre, el periódico digital del mundo, el de las grandes batallas políticas, sociales, históricas, el diario abierto a todas las expresiones de nuestra cultura y a los avances mas osados de este tiempo tan difícil, se mantiene en la trinchera de la dignidad. ¡Adelante camaradas, amigos y compañeros: BOLIVARIANOS SOCIALISTAS SIEMPRE¡¡¡



Disculpen la molestia

Eduardo Galeano

Página 12

Quiero compartir algunas preguntas, moscas que me zumban en la cabeza.

¿Es justa la justicia? ¿Está parada sobre sus pies la justicia del mundo al revés?

El zapatista de Irak, el que arrojó los zapatazos contra Bush, fue condenado a tres años de cárcel. ¿No merecía, más bien, una condecoración?

¿Quién es el terrorista? ¿El zapatista o el zapateado? ¿No es culpable de terrorismo el serial killer que mintiendo inventó la guerra de Irak, asesinó a un gentío y legalizó la tortura y mandó aplicarla?

¿Son culpables los pobladores de Atenco, en México, o los indígenas mapuches de Chile, o los kekchíes de Guatemala, o los campesinos sin tierra de Brasil, acusados todos de terrorismo por defender su derecho a la tierra? Si sagrada es la tierra, aunque la ley no lo diga, ¿no son sagrados, también, quienes la defienden?

Según la revista Foreign Policy, Somalia es el lugar más peligroso de todos. Pero, ¿quiénes son los piratas? ¿Los muertos de hambre que asaltan barcos o los especuladores de Wall Street, que llevan años asaltando el mundo y ahora reciben multimillonarias recompensas por sus afanes?

¿Por qué el mundo premia a quienes lo desvalijan?

¿Por qué la justicia es ciega de un solo ojo? Wal Mart, la empresa más poderosa de todas, prohíbe los sindicatos. McDonald’s, también. ¿Por qué estas empresas violan, con delincuente impunidad, la ley internacional? ¿Será porque en el mundo de nuestro tiempo el trabajo vale menos que la basura y menos todavía valen los derechos de los trabajadores?

¿Quiénes son los justos y quiénes los injustos? Si la justicia internacional de veras existe, ¿por qué nunca juzga a los poderosos? No van presos los autores de las más feroces carnicerías. ¿Será porque son ellos quienes tienen las llaves de las cárceles?

¿Por qué son intocables las cinco potencias que tienen derecho de veto en las Naciones Unidas? ¿Ese derecho tiene origen divino? ¿Velan por la paz los que hacen el negocio de la guerra? ¿Es justo que la paz mundial esté a cargo de las cinco potencias que son las principales productoras de armas? Sin despreciar a los narcotraficantes, ¿no es éste también un caso de “crimen organizado”?

Pero no demandan castigo contra los amos del mundo los clamores de quienes exigen, en todas partes, la pena de muerte. Faltaba más. Los clamores claman contra los asesinos que usan navajas, no contra los que usan misiles.

Y uno se pregunta: ya que esos justicieros están tan locos de ganas de matar, ¿por qué no exigen la pena de muerte contra la injusticia social? ¿Es justo un mundo que cada minuto destina tres millones de dólares a los gastos militares, mientras cada minuto mueren quince niños por hambre o enfermedad curable? ¿Contra quién se arma, hasta los dientes, la llamada comunidad internacional? ¿Contra la pobreza o contra los pobres?

¿Por qué los fervorosos de la pena capital no exigen la pena de muerte contra los valores de la sociedad de consumo, que cotidianamente atentan contra la seguridad pública? ¿O acaso no invita al crimen el bombardeo de la publicidad que aturde a millones y millones de jóvenes desempleados, o mal pagados, repitiéndoles noche y día que ser es tener, tener un automóvil, tener zapatos de marca, tener, tener, y quien no tiene, no es?

¿Y por qué no se implanta la pena de muerte contra la muerte? El mundo está organizado al servicio de la muerte. ¿O no fabrica muerte la industria militar, que devora la mayor parte de nuestros recursos y buena parte de nuestras energías? Los amos del mundo sólo condenan la violencia cuando la ejercen otros. Y este monopolio de la violencia se traduce en un hecho inexplicable para los extraterrestres, y también insoportable para los terrestres que todavía queremos, contra toda evidencia, sobrevivir: los humanos somos los únicos animales especializados en el exterminio mutuo, y hemos desarrollado una tecnología de la destrucción que está aniquilando, de paso, al planeta y a todos sus habitantes.

Esa tecnología se alimenta del miedo. Es el miedo quien fabrica los enemigos que justifican el derroche militar y policial. Y en tren de implantar la pena de muerte, ¿qué tal si condenamos a muerte al miedo? ¿No sería sano acabar con esta dictadura universal de los asustadores profesionales? Los sembradores de pánicos nos condenan a la soledad, nos prohíben la solidaridad: sálvese quien pueda, aplastaos los unos a los otros, el prójimo es siempre un peligro que acecha, ojo, mucho cuidado, éste te robará, aquél te violará, ese cochecito de bebé esconde una bomba musulmana y si esa mujer te mira, esa vecina de aspecto inocente, es seguro que te contagia la peste porcina.

En el mundo al revés, dan miedo hasta los más elementales actos de justicia y sentido común. Cuando el presidente Evo Morales inició la refundación de Bolivia, para que este país de mayoría indígena dejara de tener vergüenza de mirarse al espejo, provocó pánico. Este desafío era catastrófico desde el punto de vista del orden racista tradicional, que decía ser el único orden posible: Evo era, traía el caos y la violencia, y por su culpa la unidad nacional iba a estallar, rota en pedazos. Y cuando el presidente ecuatoriano Correa anunció que se negaba a pagar las deudas no legítimas, la noticia produjo terror en el mundo financiero y el Ecuador fue amenazado con terribles castigos, por estar dando tan mal ejemplo. Si las dictaduras militares y los políticos ladrones han sido siempre mimados por la banca internacional, ¿no nos hemos acostumbrado ya a aceptar como fatalidad del destino que el pueblo pague el garrote que lo golpea y la codicia que lo saquea?

Pero, ¿será que han sido divorciados para siempre jamás el sentido común y la justicia?

¿No nacieron para caminar juntos, bien pegaditos, el sentido común y la justicia?

¿No es de sentido común, y también de justicia, ese lema de las feministas que dicen que si nosotros, los machos, quedáramos embarazados, el aborto sería libre? ¿Por qué no se legaliza el derecho al aborto? ¿Será porque entonces dejaría de ser el privilegio de las mujeres que pueden pagarlo y de los médicos que pueden cobrarlo?

Lo mismo ocurre con otro escandaloso caso de negación de la justicia y el sentido común: ¿por qué no se legaliza la droga? ¿Acaso no es, como el aborto, un tema de salud pública? Y el país que más drogadictos contiene, ¿qué autoridad moral tiene para condenar a quienes abastecen su demanda? ¿Y por qué los grandes medios de comunicación, tan consagrados a la guerra contra el flagelo de la droga, jamás dicen que proviene de Afganistán casi toda la heroína que se consume en el mundo? ¿Quién manda en Afganistán? ¿No es ese un país militarmente ocupado por el mesiánico país que se atribuye la misión de salvarnos a todos?

¿Por qué no se legalizan las drogas de una buena vez? ¿No será porque brindan el mejor pretexto para las invasiones militares, además de brindar las más jugosas ganancias a los grandes bancos que en las noches trabajan como lavanderías?

Ahora el mundo está triste porque se venden menos autos. Una de las consecuencias de la crisis mundial es la caída de la próspera industria del automóvil. Si tuviéramos algún resto de sentido común, y alguito de sentido de la justicia ¿no tendríamos que celebrar esa buena noticia? ¿O acaso la disminución de los automóviles no es una buena noticia, desde el punto de vista de la naturaleza, que estará un poquito menos envenenada, y de los peatones, que morirán un poquito menos?

Según Lewis Carroll, la Reina explicó a Alicia cómo funciona la justicia en el país de las maravillas:

–Ahí lo tienes –dijo la Reina–. Está encerrado en la cárcel, cumpliendo su condena; pero el juicio no empezará hasta el próximo miércoles. Y por supuesto, el crimen será cometido al final.

En El Salvador, el arzobispo Oscar Arnulfo Romero comprobó que la justicia, como la serpiente, sólo muerde a los descalzos. El murió a balazos, por denunciar que en su país los descalzos nacían de antemano condenados, por delito de nacimiento.

El resultado de las recientes elecciones en El Salvador, ¿no es de alguna manera un homenaje? ¿Un homenaje al arzobispo Romero y a los miles que como él murieron luchando por una justicia justa en el reino de la injusticia?

A veces terminan mal las historias de la Historia; pero ella, la Historia, no termina. Cuando dice adiós, dice hasta luego.

Tomado de Rebelión.