viernes, 20 de mayo de 2011

La bolivalogía XVIII


Por: Víctor J. Rodríguez Calderón

La rebeldía de Bolívar aniquila la resignación y el temor a la derrota, Su lucha como expresión práctica es el antídoto necesario para poder proseguir con su campaña. Necesita penetrar su causa en la conciencia de todos y por esto es que sabe que tiene que enfrentarse a todas las dificultades que se le venían encima.

Sus rápidos triunfos conseguidos no le borran de su mente el hecho que daba una especial característica a su audaz empresa; la marcada minoría numérica de sus tropas frente a la que disponía Monteverde desde San Carlos a Caracas. Al llegar a Trujillo ordena la salida de Girardot en persecución de las fuerzas del capitán Cañas e inmediatamente se dedica a reclutar combatientes a nombre del Gobierno de la Nueva Granada ofrecía el indulto a todos los soldados dispersos del ya exterminado ejército de Correa y a los que se presentasen con su fusil, bayoneta y fornitura, la gratificación de cuatro pesos.

Pero en Trujillo no existía ningún entusiasmo por la causa libertadora, la juventud no se presentó y lo campesinos huían a los bosques vecinos para evitar ser reclutados. Ni víveres, ni bestias, ni soldados le fue posible conseguir, pues la población se encargó de esconderlo todo, presentando una resistencia pasiva a los esfuerzos de los oficiales republicanos.

Si Bolívar hubiese pensado con el pesimismo como lo hizo Miranda, la causa habría muerto allí mismo en Trujillo, esto ahondando los consejos e insistencias de muchos de sus colaboradores. Pero supo manejar como “el hombre de las dificultades” la complejidad de todos aquellos problemas, nunca se sustrajo de su responsabilidad social política y militar. Bolívar, en un despliegue extraordinario y científico, se nos revela más digno que nunca del glorioso destino que le esperaba.

En la historia de la humanidad muchos grandes hombres han sintetizado antiguas fuerzas sociales en marcha y conquistado la gloria por su poder de asimilación de un gran proceso colectivo, pero muy pocos han logrado y podríamos decir: intentado, crear de la nada un movimiento revolucionario histórico, como de este momento en adelante lo realizó Bolívar. Trujillo es el teatro de la lucha emancipadora, es la evolución de la causa, allí nace la dialéctica de Bolívar, la forma que ya venia construyendo, sembrando, para la propagación de la libertad y justicia. No naufraga su fe en el apoyo de los pueblos pues es allí precisamente donde su energía humana lo conduciría como revolucionario a levantar la conciencia americana.

DECRETO DE GUERRA A MUERTE

Este documento político es una expresión a la lucha imperial que se mantiene en ese momento, es un documento que concibe la autentica guerra, cien veces mas difícil, mas larga, mas complicada, porque está encarnizada por un pueblo que busca su libertad y abortar todas las formas de esclavitud.

Documento que evitan mencionar la mayoría de historiadores por considerarlo “Infame” “bárbaro” pero que es una respuesta a una represión inhuma desatada por los esclavistas españoles.

El 15 de junio de 1813 el Libertador dicta, en horas de la madrugada, la famosa proclama de Guerra a Muerte Llamado por muchos como un documento terrible, calificado por algunos como de extrema crueldad y por otros como de una necesidad perentoria, como único medio de hacer interesar a los americanos en su propia causa y de aterrar a los españoles. Para los que han creído que esta Proclama de Bolívar en Trujillo era totalmente innecesaria y contraria a la moral, baste con recordarles todos los crímenes, excesos, violaciones, torturas, desmanes sin cuento de los realistas en esos días en que veían acercarse el fin de su dominación en tierras americanas.

La guerra en Venezuela adquirió un carácter particularmente violento entre los años 1813 y 1814. Las crueldades y la falta de toda consideración para el contrario fueron la norma entre los bandos beligerantes. Los realistas, desde 1811, se habían negado a reconocerles beligerancia a los patriotas.

Los trataban como alzados, bandidos y traidores al Rey, sin reconocerles el derecho a luchar por la causa que defendían. En segundo término, la guerra de independencia presentaba características de una guerra civil. Los realistas obtuvieron fáciles triunfos, porque muchos pueblos se sublevaron contra los republicanos y proclamaron su adhesión al Rey de España. En el propio campo de batalla, los soldados patriotas desertaban y se pasaban al enemigo. Los jefes realistas supieron aprovechar la influencia del régimen colonial sobre el pueblo, la ignorancia y el fanatismo en que lo habían mantenido, para utilizarlo ahora en contra de la causa independiente.

Era necesario, pues, crear una conciencia nacional en favor de la independencia. El Libertador comprendió este hecho y se dispuso a tomar medidas para impedir que el enemigo siguiera teniendo éxito en sus propósitos de dividir al pueblo. Para transformar la guerra civil en guerra internacional; para crear en el pueblo y en los soldados la imagen de la patria libre que luchaba por la causa justa de su independencia nacional.

FRAGMENTOS DE LA PROCLAMA DE GUERRA A MUERTE

(CUARTEL GENERAL DE TRUJILLO, 15 DE JUNIO DE 1813)

"Simón Bolívar......a sus conciudadanos................

Tocado de vuestros infortunios, no hemos podido ver con indiferencia a las aflicciones que os hacían experimentar los bárbaros españoles, que os han aniquilado con la rapiña, y os han destruido con la muerte: que han violado los derechos sagrados de las gentes: que han infringido las capitulaciones y los tratados más solemnes; y, en fin, han cometido todos los crímenes, reduciendo la República de Venezuela a la más espantosa desolación. Así pues, la justicia exige la vindicta y la necesidad nos obliga a tomarla. Que desaparezcan para siempre del suelo colombiano los monstruos que lo infestan y han cubierto de sangre: que su escarmiento sea igual a la enormidad de su perfidia, para lavar de este modo la mancha de nuestra ignorancia y mostrar a las naciones del Universo que no se ofende impunemente a los hijos de la América...


Todo español que no conspire contra la tiranía a favor de la justa causa, por los medios más activos y eficaces, será tenido por enemigo y castigado como traidor a la patria, y, por consecuencia, será irremisiblemente pasado por las armas. Por el contrario se concede un indulto general y absoluto a los que pasen a nuestros ejércitos con sus armas o sin ellas: a los que presten sus auxilios a los buenos ciudadanos que se están esforzando por sacudir el yugo de la tiranía. Se conservarán en sus empleos y destinos a los oficiales de guerra y magistrados civiles que proclamen el gobierno de Venezuela, y se unen a nosotros; en una palabra, los españoles que hagan señalados servicios al estado, serán reputados y tratados como americanos...


Y vosotros, americanos, que el error o la perfidia os ha extraviado de las sendas de la justicia, sabed que vuestros hermanos os perdonan y lamentan sinceramente vuestros descarríos, en la íntima persuasión de que vosotros no podéis ser culpables, y sólo la ceguedad e ignorancia en que os han tenido hasta el presente, los autores de vuestros crímenes, han podido induciros a ellos...


Contad con una inmunidad absoluta en vuestro honor, vida y propiedad: el solo título de americanos será vuestra garantía y salvaguardia. Nuestras armas han venido a protegeros y no se emplearán jamás contra uno solo de nuestros hermanos...


Españoles y canarios, contad con la muerte, aún siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de la América; americanos, contad con la vida, aún cuando seáis culpables".

El deseo evidente de establecer una situación privilegiada para los americanos, aunque fueran enemigos y una guerra sin cuartel contra los españoles, así fueran indiferentes, revele claramente el propósito de Bolivar de crear una frontera definitiva entre España y América, en el cual se engendrará la conciencia de libertad y justicia.

(Continuará…)

miércoles, 18 de mayo de 2011

La bolivalogía XVII


Por: Víctor J. Rodríguez Calderón

Dice Bolívar en su análisis político de la acción del enemigo: “Tal era el infeliz estado de Caracas, cuando reventó en los Valles de la costa, al Este, la revolución de los negros, libres y esclavos, provocada, auxiliada y sostenida por los emisarios de Monteverde. Esta gente inhumana y atroz, cebándose en la sangre y bienes de los patriotas, de que se les dio una lista en Curiepe y Caucagua, marchando contra el vecindario de Caracas, cometieron en aquellos valles y, especialmente, en el pueblo de Guatire los mas horrendos asesinatos, robos, violencias y devastaciones. Los rendidos, los pacíficos labradores, los hombres más honrados, morían a pistolazos y sablazos, o eran azotados bárbaramente aún después de haberse publicado el armisticio. Por todas partes corría la sangre y los cadáveres eran el ornato de las plazas y calles de Guatire, Calabozo, San Juan de los Morros y otros pueblos habitados por gente labradora y pacifica que, lejos de haber tomado las armas, huían, al acercarse las tropas, a los montes, de donde los conducían atados para quitarles la vida sin más formalidad, audiencia o juicio que hacerlo hincar de rodillas. Cualquier oficial o soldado estaba autorizado para dar impunemente muerte al que juzgaba patriota o tenía qué robar…”.

Estas acciones fueron posibles porque los españoles constituían en La Costa firme no una clase social como aseguran otros historiadores, no, ellos eran una casta política, que vivía usufructuando los gajes y prebendas de la administración colonial, sin tener aquellas profundas vinculaciones con la economía y las relaciones sociales propias de esa economía. Se trataba de una Burocracia privilegiada, sin raíces en la estructura intima de la comunidad, de ahí que pudiera fomentar impunemente en Venezuela esa terrible lucha de razas y clases, que le permitió ganarse el apoyo de la gran mayoría de la población y crear rápidamente el ejército que Monteverde, el hombre que ambicionaba conducirlo para reconquistar a la Nueva Granada.

De ahí, que encontremos históricamente que cuando Bolívar daba por terminada la conquista del Valle de Cúcuta, en todo el occidente venezolano, los oficiales al mando de Monteverde ya se encontraban en posiciones superables que les permitían un avance ordenado, eficaz, desde la provincia de Caracas hasta la frontera con la Nueva Granada, donde ya operaban abiertamente con una organización dirigida y accionada al mando del brigadier Correa.

LA CAMPAÑA ADMIRABLE

Ya empieza Bolívar a conocer la gloria, las dificultades y la miseria de ser libertador. Pero su destino será el ser reconocido por las generaciones como uno de los hombres que amó la libertad, que luchó contra la explotación del hombre por el hombre y que logró la libertad con su idea y su práctica libertar cinco naciones.

Bolívar, decide marchar sobre territorio venezolano a pesar de toda la logística militar enemiga, cuyos cuadros estaban formados de la siguiente manera: en Trujillo se encontraban los regimientos del capitán Cañas; en las montañas de Barquisimeto las divisiones del capitán Oviedo y en la provincia de Coro, oficiales expertos de guerra reclutaban y formaban nuevos cuerpos que alimentarían al ejercito de Monteverde para conducirlos a tierras neogranadinas. Hacia el sur, en Guasdualito, Yáñez disponía de 900 hombres; en Barinas, Tizcar esperaba órdenes con 1500 y a San Carlos llegaba el capitán Izquierdo con 1200 soldados.

Esta organización de fuerzas disponía de una superioridad numérica en cuanto a los modestos efectivos militares que disponía Bolívar, cuya táctica la proyectaba en evitar, por la celeridad de sus ataques iníciales, el proceso de concentración ya muy avanzado del enemigo

Bolívar le ordena a Castillo avanzar sobre la ciudad de La Grita, pues allí se iban a concentrar Correa, Yáñez y Tizcar y la estrategia era destruir al primero y evitar la concentración de los otros dos y obligarlos a replegarse hacia el Lago de Maracaibo.

Pero Castillo demora las acciones y solo se preocupa de enviar informes contra Bolívar al Congresos de Tunja, sin embargo se vio en la necesidad de ejecutar la operación ordenada y después de un rápido y arrojado combate en las alturas cercanas a La Grita, y gracias a las habilidades militares del sargento mayor Francisco de Paula Santander el combate les fue favorable.

Castillo y algunos oficiales influenciados por éste, anunciaron no continuar las acciones, sostenían que hacerlo, era una locura, no se internarían en territorio hostil y mas cuando el enemigo los aventajaba con un ejercito notoriamente superior. El Congreso no desautoriza a Bolívar, y Castillo presenta su renuncia irrevocable, dejando al mando a Barraya, que identificado también con las opiniones de su jefe, no demora en dimitir del cargo, es así, como los combatientes quedan bajo las ordenes del sargento mayor Francisco de Paula Santander, hasta la llegada de Bolívar a La Grita. Se reunían por primera vez dos hombres, cuya amistad favorecerían a la causa con un final verdaderamente fatal para la misma.

Santander contaba entonces veintiún años, pero ya había logrado altas distinciones por sus servicios a la república. Muy joven sus padres le enviaron a Santa Fe, becado para estudiar en Colegio de Sam Bartolomé.

La Nueva Granada se encontraba en profundas divisiones entre Federalistas y centralistas. Santander se unió a los primeros, y desempeño cargos administrativos de importancia. Estas contiendas no lo apasionaron mucho, pero él se preparó para construir un estado liberal fuerte, donde su legalidad surgiera no de un capricho sino de la mejor senda para establecer en América una autoridad sólida pero no despótica.

Lo cierto es que Santander al igual que la mayoría de los jefes granadinos, pensaba que dada la insignificancia de las fuerzas de Bolívar, era una locura intentar con estas conquistar la libertad de Venezuela. Tan pronto como recibió el mando, en forma no por diplomacia menos clara, procuro informarle del lamentable estado de las mismas, con la evidente intención de disuadirlo de ese propósito que según él como militar consideraba irrealizable

De ahí, que tan pronto como Bolívar llega a la Grita lo deja encargado de la guarnición y escoge para los altos mandos en los cuales depositaba sus esperanzas: a los granadinos Girardot y D’Elhuyar y los venezolanos Rafael Urdaneta y José Félix Ribas. Con ellos abre la campaña contra Mérida y Trujillo, cuyas guarniciones no lograron presentar resistencia efectiva al impulso inicial de los combatientes republicanos.

(Continuará…)

sábado, 14 de mayo de 2011

Parte XVI La bolivalogía

Por: Víctor J. Rodríguez Calderón

La noticia de la victorias bolivarianas causaron en el Congreso granadino un enorme entusiasmo y sorpresa a la vez, sorpresa porque en él habían influido con fuerza los informes del coronel Castillo, en los que acusaba a Bolívar de incapaz, de despilfarrador, y sobre todo, de querer arriesgar en empresas quiméricas las tropas neogranadinas.

“Ya tiene vuestra excelencia –informaba Bolívar al Presidente del Congreso- terminada la campaña de Cúcuta y libertada una bella porción de la Nueva Granada de los tiranos que la asolaban. Ahora sólo nos resta vencer a los opresores de Venezuela, que yo espero serán bien pronto exterminados, como lo han sido los de Santa Marta y Pamplona, que en pocos días se han visto arrancar el cetro de hierro con que abrumaban estos estados”.

Bolívar ha replanteado un nuevo método de acción que destrona el estilo dogmatico y burocrático de enfrentar los combates de la revolución, le da por encima de todo; la legitimidad de una política y un fortalecimiento a las fuerzas populares y revolucionarias. La lucha por la libertad y la eliminación de la esclavitud de los pueblos de la superficie de la tierra, no constituye por lo tanto, una utopía, ni el fantasmagórico sueño de un mundo de hadas, él lo demostró que es un objetivo perfectamente realizable en los limites de la capacidad de los hombres y las posibilidades científicas del método.

Así lo reconoce y le responde el Congreso neogranadino, nombrándolo ciudadano de la Nueva Granada y Brigadier General del Ejército de la Unión. Bolívar no pierde tiempo, inmediatamente envía un comisionado especial a los legisladores, con la misión de plantearles la necesidad de la campaña de Venezuela y obtener el permiso respectivo para emprenderlo El 7 de Mayo recibe en Cúcuta la autorización, pero no tan ampliada como él la necesitaba, pues sólo le facultaban liberar las provincias fronterizas de Mérida y Trujillo. Desde luego, esto no fue problema, lo importante era iniciar le ejecución de sus planes. En San José de Cúcuta presta el solemne juramento ante el Cabildo; de obediencia al Congreso de la Nueva Granada, cuyas tropas, inclusive la de su acérrimo opositor coronel Castillo quedaban bajo su mando.

Inmediatamente se pone en marcha hacia el pueblo de San Antonio, donde debían reunirse con todos los contingentes militares de la frontera e iniciar la marcha hacia el territorio enemigo.

¿Quien lo diría? Han transcurrido sólo ocho meses que vencido en Puerto Cabello, se canso de suplicarle a Miranda, no su perdón, sino el que se le tuviera en cuenta para ser mandado por el oficial de mas ínfima jerarquía, ese mismo que salió de Caracas con un pasaporte expedido por Monteverde despectivamente, por considerársele como persona no peligrosa para la causa realista. Ahora marcha con combatientes granadinos decidido a disputarle el dominio que mantienen en Venezuela, los españoles, una lucha que presenciará la historia Americana, como lección para la eternidad. Lección que se juzgaba por muchos, incluyendo sus oficiales, con escepticismo, pues consideraban que derrotar a los 6 mil hombres de Monteverde que mantenían el dominio de Venezuela, era un sueño, pues Bolívar no contaba si no con unos 700 hombres al máximo.

Pero nada, nada en absoluto podía detener al revolucionario en esta empresa, él estaba decidido a liquidar ideológicamente la demagogia de la ilusión, sus combatientes serian la vanguardia de su causa y sabía que seria un comienzo muy difícil, mucho mas difícil su continuación y que por supuesto brotarían muchas crisis; a las cuales tendría que enfrentar.

En San Antonio, al momento de iniciar la marcha hace leer su proclama, la cual sería su primera respuesta inmortal para retar a Monteverde.

“Soldados del Ejército de Cartagena y de la Unión.

Vuestras armas libertadoras han venido hasta Venezuela, que ve respirar ya una de sus villas al abrigo de vuestra generosa protección. En menos de dos meses habéis terminado dos campañas y habéis comenzado una tercera, que empieza aquí y debe concluir en el país que me dio la vida. Yo he tenido la honra de combatir a vuestro lado, conozco los sentimientos magnánimos que os animan a favor de vuestros hermanos esclavizados, a quienes pueden únicamente dar salud vida y libertad vuestros temibles brazos y vuestros pechos aguerridos. El solo brillo de vuestras armas invictas hará desaparecer en los campos de Venezuela, las bandas españolas, como se disipan las tinieblas delante de los rayos del sol.

¡La América entera espera su libertad y salvación de vosotros, impertérritos soldados de Cartagena y de la unión! No, su confianza no es vana y Venezuela bien pronto verá clavar vuestros estandartes en las fortalezas de Puerto Cabello y La Guaira.

Corred a colmaros de gloria adquiriendo el sublime renombre de Libertadores de Venezuela”

Como lo hemos señalado, toda política revolucionaria tiene un fin: precisar las tareas y dar motivación y orientación a los combatientes revolucionarios, al pueblo, acerca de la causa. Es decir, que el carácter científico de la política está al servicio de las acciones que llevan a cabo las masas con la causa.

Y aunque digan lo contrario, la verdadera investigación histórica es lo que vale, no la invención epopeyica de inventar virtudes y hechos que no fueron. Grave equivocación fue la del generalísimo Miranda, grande en Europa, pero equivocado en América, al suponer que las guerras de clases pueden concluirse por simples armisticios, como se concluyen las guerras ordinarias. No tuvo en cuenta que, dada la manera como esta contienda había afectado la estructura misma de la sociedad venezolana, la celebración de la paz sólo podía conducir a la continuación de la guerra, adoptando ella formas y modalidades distintas.

No soy biógrafo de ninguno de nuestros luchadores, no llegó hasta tan delicado esfuerzo, soy estudioso, analista de historia y creo una necesidad salir ya de ese sueño de hacer héroes donde no los hubo. Hablo de Bolivalogía, porque Bolívar demostró lo que otros no han visto, su ciencia como ejecutor de una revolución, como su líder, que fue primero al pueblo, aprendió de este y luego regresó para dirigirlo.

(Continuará…)